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1963 Facel Vega Facel II

El último gran turismo frances: poder americano con alma parisina

Hay automóviles que existen para transportar, y hay automóviles que existen para demostrar que un país sabe hacer las cosas de manera diferente. El Facel Vega Facel II de 1963 pertenece inequívocamente a esta segunda categoría. Concebido en los talleres de Facel S.A. en Colombes, a las afueras de París, este grand tourisme de carrocería elegantísima y corazón americano representa quizá el capítulo más brillante de la historia de la industria automotriz francesa de posguerra: un canto del cisne tan espectacular como trágico.

Con apenas 184 unidades producidas entre 1961 y 1964, el Facel II es hoy uno de los GT europeos más exclusivos, cotizados y desconocidos del mundo coleccionista. En México, su presencia es prácticamente mitológica: se estima que no más de dos o tres unidades sobreviven en el país, lo que convierte cualquier avistamiento en un acontecimiento.

Facel S.A.: la joyería automotriz de Francia

Para entender el Facel II hay que conocer a su creador: Jean Daninos, ingeniero y visionario que en 1939 fundó Facel (Forges et Ateliers de Construction d'Eure-et-Loir). La empresa comenzó fabricando carrocerías para Simca, Ford Francia y Panhard, pero Daninos tenía ambiciones mayores. En 1954, presentó el Facel Vega FV, un automóvil de lujo con motor Chrysler V8 que dejó a Europa sin palabras. La prensa lo aclamó como la respuesta francesa a los grandes GT italianos y británicos.

La filosofía de Daninos era radical en su pragmatismo: en lugar de desarrollar un motor propio —costoso y arriesgado para una empresa pequeña—, importaría los mejores V8 americanos y los envolvería en la carrocería más bella que los diseñadores parisinos pudieran crear. El resultado fue una serie de automóviles que enamoraron a Ava Gardner, Ringo Starr, Tony Curtis, el Aga Khan y el Presidente Charles de Gaulle, quien utilizó un Facel Vega como coche oficial durante años.

El Facel II: la cumbre del linaje

El Facel II fue presentado en el Salón del Automóvil de París en octubre de 1961 como evolución directa del HK500, el modelo que había consolidado la reputación de la marca. Aunque compartía la misma plataforma básica, el Facel II representó una revisión profunda en diseño y mecánica. La silueta se hizo más esbelta y moderna, con un techo más bajo, ventanas laterales enormes que definían su carácter de coupé panorámico y una línea de cintura tensa que evocaba al mismo tiempo la tradición carrocera italiana y la audacia de los diseñadores americanos de los cincuenta.

El parabrisas curvo sin montante central —una característica distintiva del Facel II— era una hazaña de ingeniería para su época y confería al conductor una visibilidad panorámica excepcional. El interior, cosido a mano en los talleres parisinos, combinaba cuero Connolly de primera calidad, madera de nogal tallada y aluminio cepillado en una combinación que ninguna producción en serie podía igualar. Cada Facel II era, literalmente, hecho a medida para su comprador.

El corazon americano: motor V8 Chrysler 383

Debajo del largo capó del Facel II palpitaba un motor V8 Chrysler de 6.3 litros (383 ci) que en versión de carburadores dobles desarrollaba 390 caballos de fuerza y un torque aplastante de 480 lb-ft. Esta combinación permitía acelerar de 0 a 100 km/h en torno a los 8 segundos —cifra notable para un automóvil de 1,600 kilogramos en 1963— y alcanzar una velocidad máxima que rozaba los 240 km/h, suficiente para dominar cualquier autopista europea.

La transmisión automática Chrysler TorqueFlite de tres velocidades era la mejor caja automática del mundo en ese momento —reconocida así incluso por los ingenieros europeos más escépticos— y se adaptaba perfectamente al carácter gran turista del Facel II: fluida en ciudad, contundente en autopista. La dirección asistida ZF y los frenos de disco en las cuatro ruedas (con discos inboard al frente para reducir las masas no suspendidas) completaban un paquete técnico que pocos rivales europeos podían igualar.

La paradoja histórica del Facel Vega es que su salvación mecánica —el V8 americano— fue también su argumento de marketing más poderoso y, para algunos críticos puristas, su mayor vulnerabilidad. Pero los hechos desmienten ese purismo: mientras que el motor Facel-Pont-a-Mousson de cuatro cilindros que equipó el Facellia (el modelo de gama media de la marca) resultó catastrófico en fiabilidad y arrastró a la empresa a la bancarrota en 1964, los Facel II con motor Chrysler siguen circulando sin problemas seis décadas después.

Especificaciones tecnicas

ESPECIFICACIÓN DETALLE
Motor V8 Chrysler TorqueFlite, 6.3 L (383 ci)
Potencia 390 hp @ 4,600 rpm
Torque 480 lb-ft @ 2,800 rpm
Transmisión Automática Chrysler TorqueFlite de 3 velocidades
Carrocería Grand Turismo 2+2, acero sobre bastidor tubular
Distancia entre ejes 2,630 mm (103.5 in)
Longitud total 4,830 mm (190.2 in)
Peso en vacío ~1,600 kg (3,527 lb)
Velocidad máxima 240 km/h (149 mph) 0–100 km/h ~8.0 segundos
Frenos Discos en las 4 ruedas (inboard al frente)
Suspensión delantera Doble triángulo independiente
Dirección Asistida ZF
Unidades producidas (1961–1964) ~184 unidades totales
Precio original (1963) ~$9,800 USD (Francia) / ~$7,600 USD (EE. UU.)

Los clientes del Facel II: una lista de ensueño

El Facel Vega Facel II nunca fue un automóvil para masas, ni siquiera para la clase alta ordinaria. Su precio en 1963 equivalía al doble de un Ferrari 250 GTE de la época y superaba con comodidad el salario anual de un médico bien establecido. Sus compradores eran aristócratas, magnates industriales, artistas de primer nivel y miembros de familias reales que buscaban algo diferente a las inevitables berlinas Rolls-Royce o a los deportivos italianos que todo el mundo tenía.

Entre los propietarios documentados figuran el escritor Albert Camus —aunque irónicamente murió en un accidente con un Facel Vega HK500 en 1960, antes de la presentación del Facel II—, el guitarrista de los Rolling Stones Keith Richards, el actor Sterling Hayden y varios miembros de las casas reales del Medio Oriente que compraban sus automóviles a través de los concesionarios parisinos de lujo en los Champs-Élysées. En América Latina, algunos ejemplares llegaron a través de importadores privados en Argentina, Brasil y México, adquiridos por familias de la élite industrial.

El colapso de Facel: gloria y derrumbe

La historia de Facel Vega es también una de las tragedias más dolorosas de la historia automotriz. En un intento por ampliar su mercado hacia compradores más jóvenes con menor presupuesto, Jean Daninos desarrolló el Facellia: un coupé más pequeño, más ligero, con un motor de cuatro cilindros diseñado y fabricado en Francia. El motor resultó ser un desastre de fiabilidad: sobrecalentamiento crónico, juntas de culata que fallaban repetidamente, consumo de aceite desbocado.

Las reclamaciones de garantía se acumularon, la reputación de la marca se deterioró y los recursos financieros de la empresa se agotaron cubriendo reparaciones. En octubre de 1964, Facel S.A. declaró la quiebra. El último Facel II salió de la línea de ensamble ese mismo año. Jean Daninos intentó sin éxito encontrar compradores para la marca. Hoy, Facel Vega es estudiada en las escuelas de diseño y negocios como ejemplo tanto de genialidad creativa como de los peligros de la diversificación mal planificada.

Mercado coleccionista: uno de los GT mas cotizados de Europa

Con apenas 184 unidades producidas, el Facel II es hoy un objeto de deseo absoluto en el mercado internacional de clásicos de lujo. En las últimas grandes subastas europeas y americanas, ejemplares en condición concurso han alcanzado entre 350,000 y 600,000 dólares, dependiendo de la documentación, el historial de propietarios y la originalidad de la mecánica. Los especímenes con interiores originales no retapizados y números de bastidor y motor coincidentes son especialmente apreciados.

El club de propietarios Facel Vega más activo del mundo opera desde Francia y organiza una concentración anual en Normandía, reuniendo hasta 30 unidades de todo el modelo range. Para el coleccionista mexicano interesado, el primer paso es siempre contactar con esta comunidad y verificar la autenticidad del vehículo a través de los registros históricos de producción que la asociación conserva cuidadosamente. La identificación del número de chassis es fundamental: los registros originales de Facel S.A., parcialmente preservados en los Archivos Nacionales franceses, permiten rastrear la historia de cada unidad.

Poseer un Facel II: consideraciones practicas

A diferencia de muchos clásicos europeos que padecen problemas crónicos de piezas, el Facel II tiene una ventaja inesperada: su tren motriz Chrysler. Los motores V8 de la serie B de Chrysler son mecánicamente inmortales; refacciones, pistones, cigüeñales, cojinetes y componentes del sistema de combustible se consiguen sin dificultad a través de proveedores especializados en muscle cars americanos. La transmisión TorqueFlite, igualmente, cuenta con una red de especialistas amplia tanto en Estados Unidos como en Europa.

Los desafíos son la carrocería y el interior. Las piezas específicas de Facel —defensas, molduras, manijas, vidrios curvos de época— son prácticamente inencontrables en el mercado abierto y deben fabricarse a medida por artesanos especializados. El costo de una restauración completa de carrocería e interior puede superar los 80,000 dólares en talleres europeos de primer nivel. Para el mercado mexicano, se recomienda adquirir únicamente unidades ya restauradas y en condición estabilizada, no proyectos en proceso.

Un poema de acero con corazon de Kentucky

El 1963 Facel Vega Facel II es mucho más que un automóvil raro. Es la encarnación de una idea: que la elegancia y la potencia no son antagónicas, que París y Detroit pueden coexistir debajo de un mismo capó, que la artesanía de alta costura y la ingeniería industrial americana pueden fundirse en algo que trasciende a ambas. En un mundo donde los grandes fabricantes europeos dependían de sus propios motores —a veces brillantes, a veces problemáticos—, Jean Daninos tuvo la claridad pragmática de elegir al mejor proveedor del planeta y construir alrededor de él una obra maestra.

Que Facel Vega desapareciera no por el fracaso del Facel II sino por las fallas de un modelo diferente hace que su legado sea aún más melancólico y hermoso. Cada uno de los 184 Facel II que sobreviven en el mundo es un recordatorio de que la perfección, en el mundo del automóvil como en cualquier arte, suele ser efímera y escasa. Quizá por eso vale tanto.

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