![]() En 1958, cuando Chrysler Corporation presentó el Plymouth Fury con su motor Golden Commando de 305 caballos de fuerza y su exclusivo acabado en blanco con molduras doradas, muy pocos de los compradores que firmaron los contratos de compra de las 5,303 unidades producidas ese año podían imaginar que estaban adquiriendo uno de los automóviles más icónicos de la historia popular americana. No por sus cifras de producción — modestas — ni por sus victorias en competición — escasas —, sino porque veintitrés años después, un escritor de Maine llamado Stephen King los colocaría en el centro de uno de los relatos de terror más influyentes del siglo XX. Pero la historia del 1958 Plymouth Fury Golden Commando merece ser contada también sin la sombra de Christine — y esa historia es igualmente extraordinaria. Es la historia del automóvil más avanzado y más poderoso que Plymouth produjo en los años cincuenta: un hardtop coupé de diseño espectacular firmado por Virgil Exner, con un motor V8 específico para el modelo que ningún otro Plymouth podía tener, disponible únicamente en blanco con dorado y producido en números suficientemente pequeños para ser exclusivo sin ser inaccesible. Era, en pocas palabras, el mejor Plymouth que el dinero podía comprar en 1958, y sabía perfectamente que lo era. Plymouth y la estrategia de los tres nivelesPara comprender el Fury es necesario entender el lugar que Plymouth ocupaba en la jerarquía de marcas de Chrysler Corporation en 1958. El grupo había construido su estructura de marcas siguiendo el mismo principio que General Motors con su escala desde Chevrolet hasta Cadillac: Plymouth era la entrada, accesible y popular; Dodge escalaba en precio y prestaciones; De Soto ocupaba el segmento medio-alto; y Chrysler y Imperial coronaban la gama. Plymouth competía directamente con Chevrolet y Ford en el mercado masivo, lo que significaba que su imagen y sus precios debían mantenerse dentro de rangos populares. El Fury rompió esta lógica de manera deliberada y elegante. En lugar de intentar llevar todo el Plymouth hacia arriba en precio — lo que habría comprometido su posición competitiva en el mercado masivo —, Chrysler creó dentro de la gama Plymouth un modelo de halo: un automóvil con el badge Plymouth pero con especificaciones, exclusividad y precio de categoría superior. El Fury era el automóvil que demostraba lo que Plymouth podía hacer cuando no tenía que competir en precio con el Chevrolet Bel Air. Era una declaración de capacidad técnica y de ambición estética que el comprador de Plymouth promedio podía admirar aunque no pudiera — o no necesitara — comprar. La estrategia funcionó. El Fury de 1956 — el primero del modelo — estableció una reputación deportiva y exclusiva que los años siguientes amplificaron. Para 1958, el Fury era ya un nombre con significado propio en el mundo del automovilismo americano: los entusiastas lo conocían, los periodistas especializados lo respetaban, y los competidores de Chrysler en Detroit miraban sus cifras de rendimiento con una mezcla de respeto y preocupación. El Golden Commando de ese año fue la culminación de esa reputación. Virgil Exner y el Forward Look: Detroit mirando al futuroEl 1958 Plymouth Fury Golden Commando es, visualmente, una de las expresiones más completas y más coherentes del Forward Look — la filosofía de diseño que Virgil Exner aplicó a toda la gama Chrysler entre 1955 y 1961 y que transformó la imagen de la empresa de manera radical. El Forward Look partía de una premisa estética aparentemente simple pero de consecuencias formales enormes: los automóviles deben parecer que se mueven hacia adelante incluso estando quietos, y todo elemento de diseño debe contribuir a esa sensación de impulso y velocidad latente. En el Fury de 1958, esta filosofía alcanzó quizás su expresión más lograda dentro de la gama Plymouth. Las aletas traseras — elemento definitorio del diseño americano de la época — eran en el Fury de este año espectaculares sin ser excesivas: se elevaban con determinación desde la línea de cintura del automóvil hasta terminar en una punta afilada que incorporaba las luces traseras en un conjunto de gran impacto visual. La línea de cintura tensa, que recorría el flanco del automóvil desde los faros dobles integrados en la delantera hasta el extremo de las aletas traseras, creaba una coherencia visual de conjunto que muchos coches contemporáneos con diseños más exuberantes no lograban. El techo del hardtop coupé — sin pilares laterales, con ventanas que desaparecían completamente cuando se abrían — era otro argumento visual de primer orden. La línea del techo, baja y de perfil aerodinámico, contrastaba con la anchura y la longitud del automóvil para crear proporciones que comunicaban simultáneamente elegancia y músculo. Exner sabía que el comprador del Fury en 1958 quería sentir que conducía algo especial, algo diferente de los Plymouth ordinarios, y el diseño de la carrocería cumplía esa promesa con plena convicción. Blanco y dorado: la identidad visual que no admitía alternativasUna de las características más singulares del Plymouth Fury de 1958 — y la que más directamente contribuyó a su imagen de exclusividad — era su paleta de colores absolutamente restringida. El Fury de 1958 solo se vendía en un color: el Buckskin Beige, un blanco cremoso levemente cálido que en la mayoría de las fotografías de la época aparece como blanco puro. Ninguna otra opción de color era posible. El comprador que quería un Plymouth Fury de 1958 tenía que quererlo blanco — y las molduras doradas, los anillos de ruedas dorados y los tapacubos chapados en oro que completaban el acabado exterior eran igualmente no negociables. Esta rigidez de configuración era, en el mercado americano de la época — donde la personalización era un argumento de venta fundamental y los catálogos de opciones ocupaban páginas enteras —, una declaración de identidad tan atrevida como el propio diseño del automóvil. El Fury de 1958 no era un automóvil que el comprador configuraba a su gusto: era un objeto de diseño total que el comprador aceptaba tal como era o buscaba otro coche. La combinación blanco-dorado se convirtió así en la firma visual del modelo, en el código de reconocimiento inmediato que hacía inconfundible al Fury en cualquier estacionamiento o en cualquier carretera. Esta elección cromática tiene también una dimensión práctica que los diseñadores de Chrysler comprendieron perfectamente: el blanco con dorado era la combinación que mejor mostraba las líneas del Forward Look, que mejor hacía brillar las molduras cromadas y doradas bajo el sol de California o de Florida, y que mejor comunicaba el carácter exclusivo y aspiracional del modelo. Un Fury negro habría sido igualmente impresionante en silueta pero mucho menos visible y memorable. El blanco era también, en 1958, el color de los automóviles de competición — de las carreras de velocidad en las playas de Daytona — y esa asociación no era accidental. El motor Golden Commando: 305 caballos exclusivosEl corazón del Plymouth Fury de 1958 era su motor V8 Golden Commando de 5.7 litros — 350 pulgadas cúbicas — desarrollado específicamente para el modelo y no disponible en ningún otro Plymouth de ese año. Con 305 caballos de fuerza obtenidos gracias a su doble carburador Carter AFB de cuatro gargantas, el Golden Commando era el motor de producción más potente disponible en la gama Plymouth en 1958 y uno de los más potentes en toda la producción americana de ese año. Las cifras de aceleración — 0 a 100 km/h en aproximadamente 8.5 segundos — eran formidables para un automóvil de producción de ese precio. El Golden Commando pertenecía a la familia B-series de motores V8 de Chrysler, que incluía también las versiones de mayor cilindrada que equipaban los modelos Dodge y Chrysler de mayor potencia. La configuración de válvulas en cabeza — OHV, overhead valves — era la solución de diseño que Chrysler había adoptado antes que muchos competidores y que producía motores con mejor eficiencia volumétrica y mayor potencia específica que los diseños de válvulas laterales que Ford todavía usaba en algunos modelos. Combinado con la doble carburación Carter y la relación de compresión de 10:1 que el Golden Commando empleaba, el resultado era un motor que en el contexto de 1958 establecía un estándar de rendimiento que justificaba completamente el precio premium del Fury. La transmisión automática TorqueFlite — la mejor caja automática del mundo en 1958, según la opinión de prácticamente todos los analistas técnicos de la época — completaba un conjunto mecánico que hacía del Fury Golden Commando uno de los automóviles americanos más placenteros de conducir en ese año. La suavidad de los cambios de la TorqueFlite, su fiabilidad excepcional y su respuesta instantánea bajo demanda de potencia eran características que los propietarios del Fury describían como la combinación perfecta para el uso cotidiano y para los momentos en que el acelerador llegaba al fondo. Especificaciones técnicas{| !ESPECIFICACIÓN!!DETALLE |- |Modelo completo||Plymouth Fury Golden Commando — Series LP1-H (1958) |- |Motor||V8 Golden Commando, 5.7 L (350 ci) — exclusivo del Fury |- |Potencia||305 hp @ 5,000 rpm (con carburadores duales) |- |Torque||395 lb-ft @ 3,600 rpm |- |Bloque||B-series V8 — válvulas en cabeza (OHV) |- |Carburación||Doble carburador Carter AFB de 4 gargantas |- |Opción de potencia||"Dual Fury V-800" — doble carburación estándar en el Fury |- |Transmisión||Automática TorqueFlite de 3 velocidades (o manual 3 vel.) |- |Tracción||Trasera — eje cardán |- |Carrocería||Hardtop coupé de 2 puertas — sin pilares laterales |- |Color de fábrica||Blanco Buckskin Beige EXCLUSIVO — única opción original |- |Detalles exteriores||Molduras doradas, anillos de ruedas dorados, tapacubos de oro |- |Distancia entre ejes||2,946 mm (116 in) |- |Longitud total||5,410 mm (213 in) |- |Anchura total||1,994 mm (78.5 in) |- |Peso en vacío||~1,660 kg (3,660 lb) |- |Velocidad máxima||~190 km/h (118 mph) |- |0–100 km/h||~8.5 segundos |- |Frenos||Tambor hidráulico en las 4 ruedas (servo asistidos) |- |Suspensión delantera||Independiente — resortes de torsión (Torsion-Aire) |- |Diseñador||Virgil Exner — Forward Look, Chrysler Corporation |- |Producción 1958||~5,303 unidades |- |Precio original||~$3,067 USD (1958) |- |Reconocimiento cultural||Protagonista de la novela y película Christine de Stephen King }| La suspensión Torsion-Aire: cuando la carretera se vuelve alfombraEl Plymouth Fury de 1958 tenía otra innovación técnica que sus propietarios — y la prensa especializada — destacaban con entusiasmo genuino: la suspensión delantera Torsion-Aire, que utilizaba barras de torsión en lugar de los resortes helicoidales convencionales para la suspensión delantera independiente. Las barras de torsión ofrecían varias ventajas sobre los resortes: mayor rigidez y precisión de conducción, menor peso, posibilidad de ajuste de la altura del vehículo mediante el giro de una tuerca, y una respuesta más lineal ante las irregularidades del terreno que los resortes convencionales. La diferencia de comportamiento dinámico que la Torsion-Aire producía era perceptible y apreciada: el Fury de 1958 se manejaba con una precisión de dirección y una estabilidad en curva que los Plymouth convencionales no podían igualar, y que comparaba favorablemente con los mejores comportamientos dinámicos disponibles en la producción americana de la época. Los periodistas de Motor Trend y Road & Track que probaron el Fury en 1958 coincidieron en señalar que la combinación del Golden Commando con la Torsion-Aire producía un automóvil que desmentía la reputación de los americanos de la época como vehículos grandes y pesados con manejo impreciso. La Torsion-Aire fue adoptada por toda la gama Chrysler en años sucesivos — otro testimonio de la calidad de la solución técnica que los ingenieros de la empresa habían desarrollado — y se convirtió en una de las firmas características del manejo Chrysler durante la siguiente década. El propietario del Fury de 1958 que hoy conduce su automóvil en buen estado sigue disfrutando de un comportamiento dinámico que sorprende gratamente a cualquier conductor moderno que espera el rodado vago y pesado de un clásico americano de los cincuenta. 1958: el año más exuberante de DetroitEl año 1958 en el que nació el Plymouth Fury Golden Commando fue, para la industria automotriz americana, el último año de la exuberancia desenfrenada que había caracterizado el diseño de los cincuenta antes de que la recesión económica de 1958-1959 y la creciente competencia de los importadores europeos — especialmente el Volkswagen Escarabajo — obligaran a Detroit a reconsiderar algunas de sus premisas fundamentales. Las aletas traseras alcanzaron en 1958 proporciones que nunca volverían a repetirse; el cromo cubrió superficies que en los años siguientes quedarían despejadas; y la potencia de los motores creció a ritmos que la seguridad vial y el consumo de combustible eventualmente forzarían a moderar. El Fury dorado de 1958 es el producto perfecto de ese momento de exuberancia final: un automóvil que encarna sin pudor todos los valores estéticos y tecnológicos de los cincuenta americanos — el diseño teatral, la potencia como argumento principal, el cromo y el dorado como señales de éxito — en el instante exacto antes de que esos valores comenzaran a parecer excesivos a los ojos de una sociedad que empezaba a cuestionar algunos de los supuestos de la prosperidad de posguerra. Es un objeto perfectamente sincronizado con su momento histórico, lo que lo hace tanto más fascinante y tanto más irrepetible. En México, 1958 era el último año de la presidencia de Adolfo Ruiz Cortines y el inicio de la de Adolfo López Mateos, en un contexto de estabilidad económica relativa que hacía del país uno de los mercados más activos de América Latina para los automóviles americanos importados. Los Plymouth llegaban al país en pequeños números — Chrysler tenía presencia comercial en México pero no producción local hasta años posteriores —, y el Fury, con su precio premium y su exclusividad de color, era el tipo de automóvil que los importadores privados adquirían para clientes específicos que los esperaban. Un Plymouth Fury Golden Commando blanco y dorado en las calles de la Ciudad de México o de Guadalajara en 1958 habría detenido el tráfico. Christine: cuando la ficción convirtió al Fury en leyendaEn 1983, Stephen King publicó Christine — una novela de terror en la que un Plymouth Fury de 1958 blanco y rojo desarrolla una personalidad maligna y posesiva que destruye a todos los que se interponen entre él y su propietario. La novela fue un éxito de ventas inmediato y ese mismo año John Carpenter la adaptó al cine en una película que se convertiría en uno de los títulos de culto del cine de terror americano de los años ochenta. La imagen del Fury rojo y blanco restaurándose a sí mismo después de cada choque, brillando en la oscuridad con sus faros encendidos mientras perseguía a sus víctimas, es una de las imágenes más memorables del cine de terror de la era. Para el Plymouth Fury de 1958, Christine fue una bendición y una complicación simultáneas. La bendición: la novela y la película convirtieron al modelo en uno de los automóviles más reconocibles de la cultura popular americana del siglo XX, con un grado de fama que ninguna campaña de marketing podría haber producido. Cualquier persona que haya visto la película — decenas de millones en todo el mundo — reconoce inmediatamente el Plymouth Fury de 1958 aunque no sepa decir exactamente qué año o qué modelo es. La complicación: la asociación con el terror y la maldad sobrenatural ha condicionado la percepción del automóvil de manera que es casi imposible ver uno sin pensar en la historia de King. Los coleccionistas del Fury de 1958 tienen actitudes muy diferentes ante esta herencia cultural. Algunos la abrazan completamente — restaurando sus automóviles en los colores originales blanco y dorado y participando en exposiciones temáticas relacionadas con la película —, mientras que otros prefieren restaurar el suyo en colores alternativos para liberarlo de la asociación literaria y verlo como lo que también es: uno de los mejores automóviles americanos de los cincuenta, con independencia de cualquier historia de ficción. Ambas actitudes son completamente legítimas, y ambas reflejan la riqueza cultural de un automóvil que ha trascendido su función original para convertirse en símbolo. El Fury en el mercado coleccionista hoyEl Plymouth Fury Golden Commando de 1958 ocupa hoy una posición muy especial en el mercado coleccionista americano — especial por la combinación de importancia técnica genuina, rareza relativa y fama cultural extraordinaria que ningún otro automóvil de la época puede igualar exactamente. Con solo 5,303 unidades producidas en 1958 y el paso de más de sesenta años con todos los accidentes, restauraciones descuidadas y pérdidas inevitables que eso implica, los supervivientes en condición de concurso con color original blanco-dorado son comparativamente escasos. Los ejemplares con motor Golden Commando original verificado añaden otra capa de exclusividad. En subastas americanas recientes, los Plymouth Fury de 1958 en condición de concurso con color original, mecánica Golden Commando verificada y documentación histórica completa han alcanzado valoraciones entre 60,000 y 120,000 dólares. Los ejemplares con historia documentada relacionada con la producción de la película Christine — automóviles que participaron en el rodaje o que son réplicas certificadas de los vehículos usados en la filmación — alcanzan valoraciones considerablemente más altas, impulsadas por el mercado de memorabilia cinematográfica que superpone su lógica de precios sobre la del coleccionismo automotriz convencional. En México, el Plymouth Fury de 1958 es una rareza que aparece ocasionalmente en exposiciones de automóviles clásicos de los años cincuenta, donde su blanco y dorado — si el propietario ha mantenido o restaurado los colores originales — lo convierte invariablemente en la pieza más fotografiada del evento. La comunidad de coleccionistas mexicanos de muscle cars y clásicos americanos de los cincuenta es activa y creciente, y el Fury es uno de los objetos más deseados de ese segmento: suficientemente grande y dramático para el gusto americano que los entusiastas mexicanos aprecian, y suficientemente raro para tener un carácter de pieza única en cualquier colección. El dorado que no se apagaEl 1958 Plymouth Fury Golden Commando es, en la historia del automóvil americano, uno de los objetos más cargados de significado por unidad de producción. Solo 5,303 unidades para soportar el peso de representar la cumbre del Forward Look de Virgil Exner, la exclusividad de un motor específico para el modelo, la extravagancia calculada de un solo color disponible, y la posteridad cultural de convertirse en el vehículo protagonista de una de las historias de terror más leídas del siglo XX. Eso es mucho para un automóvil. Y sin embargo el Fury lo lleva todo con la gracia de quien sabe que está hecho de algo que el tiempo no puede deteriorar.
Lista de Comentarios No hay comentarios.¿Quieres agregar un comentario? Continúa leyendo:Anterior
1910 Glide Model 45 ScoutEsa honestidad — la de hacer bien lo que se promete sin aspirar a la fama ni al récord — es quizás la virtud más escasa y más valiosa que un automóvil puede tener. El Glide Scout la tenía. Y los coleccionistas que hoy buscan un ejemplar superviviente entre las pocas decenas que el tiempo ha preservado lo buscan precisamente por eso: porque los automóviles honestos del Medio Oeste americano de 1910 dicen algo sobre su época — y sobre la gente que los fabricó y los condujo — que ningún automóvil de lujo ni de competición puede decir con la misma claridad. Siguiente
Marmon Motor Car CompanyHenry Ford condujo un Marmon antes de comprar Lincoln. Amelia Earhart celebró su hazaña en uno. La Society of Automotive Engineers distinguió su último motor antes de que estuviera a la venta. Si eso no es suficiente para merecer un lugar en el Olimpo del automóvil americano, es difícil imaginar qué lo sería. El Marmon Wasp original descansa hoy en el Indianapolis Motor Speedway Museum, con el espejo retrovisor en su lugar. Cada conductor que ajusta el suyo antes de salir a la carretera — sin saberlo, sin pensarlo — está repitiendo el gesto de Ray Harroun en mayo de 1911. Eso, a su manera, es la inmortalidad. |
Opciones